jueves, 23 de julio de 2009

Un momento crucial

Los pobres siempre han sido el pretexto inagotable en mi paìs. Los usamos para pedir fondos, para justificar despilfarros, para que a los tècnicos nos amplien los contratos de trabajo y para que el nombre de nuestro pais estè en primera fila a nivel mundial…pero de condonaciòn de deuda externa y de prioridad en la asignación de fondos de alivio de pobreza.

Yo conozco el rostro de la pobreza porque lo he visto de frente. Lo conocì un dia, andando por aquel camino rural con mi partner M. P., dos tècnicos que ibamos a trabajar a aquel sencillo municipio (dos profesionales bien intencionados con objetivos de proyecto que cumplir)…y vimos a aquel niño.

El camino estaba pèsimo y nos saliò a la vuelta de una curva; estaba tapando los agujeros del camino de tierra, solo, en medio de la nada, con una pala que lucia enorme al hombro de aquel desnutrido cuerpecito, esperando que alguno de los vehiculos que transitaban le tirara “un peso” por la ventana.

No pudimos evitar detenernos, no porque el niño nos evitara el trànsito, sino por piedad. No tuve contemplaciones en darle la comida que llevaba, como me lo sugirió M.; èl le dio algo de dinero y aquel cipote saliò corriendo por la derecha de nuestro vehiculo, trepando hacia el bosque, por la orilla del camino, con toda la alegria como quien ha obtenido mas de lo que esperaba por “tostarse el lomo bajo el sol”.

Nos quedamos ahí, viendo hacia donde se dirigìa. Enmedio de un claro, como a cien metros del camino, una mujer de sucias ropas y cabello desaliñado nos veia y esperaba por el niño. Detràs de ella, una covacha hecha de palos, carton y palmas silvestres.

Personal y profesionalmente, puedo asegurar que esta experiencia me marcò y me hizo cuestionar muchas cosas a mi alrededor.

Me he decidido a escribir este blog luego de escuchar el anuncio de la comunidad europea de congelar –y pedir a otros paises donantes que tambien lo hagan- la ayuda financiera que viene a Honduras y de limitar el trabajo que se realiza con la ejecución de esos fondos.

Màs allà del desastre polìtico por el que atravesamos, pienso en aquel niño que conocimos aquel dia y no puedo evitar que me ocurran dos cosas: preocuparme porque acaso jamàs esos fondos volveràn a este pais para mejorar su bienestar y/o confiar en Dios en que esos fondos llegaràn a su familia algun dia, administrados por mejores y mas limpias manos y con proyectos ejecutados por hondureños con mejor conciencia social, mas comprometidos con el desarrollo de un noble pueblo.